El “historiador digital”

Digital-History-WSEl término “historiador digital” es bastante curioso, por lo menos para aquellos que hablamos español, sin embargo podría definirse como el historiador competente en la gestión de recursos digitales para la investigación, difusión y distribución de la Historia. El problema es que esta es una definición que yo considero podría ser la de un historiador digital, pero no existe una definición dada por la comunidad de historiadores, no existe, básicamente, un consenso en torno al tema. Lo peor es que ni siquiera hay una “discusión” entre los historiadores de nuestros países, apenas se presenta una especia de condescendencia con respecto a validar la propuesta basada en la historia digital, se siente como la historia del futuro, es decir, que involucra a los “futuros historiadores” antes que a los que actualmente están en proceso de investigación. Esto ha conllevado a una serie de problemas en nuestro contexto:

1. El prejuicio del nativo digital:

Uno de los prejuicios más extendidos entre la comunidad académica es la relación juventud=nativo digital, por alguna razón se considera que los estudiantes de los primeros semestres son algo así como pequeños genios informáticos, por lo que no sólo es necesario orientar la formación en manejo de herramientas digitales, sino que los profesores asumen cierta vergüenza en abordar estos temas ya que, por analogía, un profesor es igual a un analfabeta digital.

Si hay algo que vale la pena erradicar es este prejuicio, evaluar realmente el nivel de competencia de los estudiantes en el manejo de herramientas digitales para el aprendizaje y la investigación. Para algunos profesores que un estudiante sea capaz de buscar en Google, descargar libros y artículos, y navegar horas por las redes sociales lo hace un “nativo digital”, pero antes deberían considerar las características de este tipo de estudiantes definidas ya hace algún tiempo por Marc Prensky:

  • Quieren recibir la información de forma ágil e inmediata.
  • Se sienten atraídos por multitareas y procesos paralelos.
  • Prefieren los gráficos a los textos.
  • Se inclinan por los accesos al azar (desde hipertextos).
  • Funcionan mejor y rinden más cuando trabajan en Red.
  • Tienen la conciencia de que van progresando, lo cual les reporta satisfacción y recompensa inmediatas.
  • Prefieren instruirse de forma lúdica a embarcarse en el rigor del trabajo tradicional.[1]

En este caso, ¿hay que llevar la enseñanza de la historia al lenguaje del nativo digital? Un libro como El Mediterráneo y el Mundo Mediterráneo está en clara contradicción con esta idea del nativo digital, y un e-book no lo hace más sencillo, solamente más barato. Esto conlleva a frustraciones tanto del estudiante de primeros niveles como del profesor que, a pesar de subir los libros a un blog, grabar sus lecturas y tener una cuenta de twitter, no logra conectar la enseñanza de la historia con el aprendizaje de la misma.

Presnky se preguntaba si la cuestión no sería aprender a enseñar a los nativos digitales sino antes bien asumir un proceso de enseñanza conjunto, que profesores y estudiantes aprendan juntos cómo aprender. Pero no es la misma capacidad que aprenderían a niveles de educación básica, la resolución de problemas de aprendizaje no son los mismos que necesita un historiador en formación que debe leer fuentes de tiempos “pre-digitales” superando su “mentalidad digital”.

La pregunta es, cual es la mejor estrategia ¿enseñar a leer las fuentes tal como fueron producidas o “traducirlas” a hipertexto? En la primera opción hay que tener la capacidad para leer, interpretar y analizar la información textual, gráfica, sonora y animada de una manera lineal, ya que fue la forma dominante de la narrativa no literaria hasta hace unos años. La segunda opción es más compleja, ya que hay que “hipertextualizar” un documento, y eso implica por poco volverlo a producir; cada enlace, referencia, recurso o aplicación debería soportar la información contenida en la fuente antes que convertirse en un nuevo documento, en nueva información, que de esta manera destruiría el sentido original del texto. Lo ideal sería construir un punto medio, enseñando a leer y analizar fuentes “tradicionales” aumentando así mismo las glosas e información hipertextual que permita complementar (antes que distraer) la información disponible en los documentos históricos.

El nativo digital lee y aprende haciendo “click“, está acostumbrado a saltar entre cortos destellos de información, algo contra lo que lucha cualquier docente universitario que trata de lograr que sus estudiantes lean y analicen cantidades abismales de información medibles en páginas. Prensky afirmó que:

Nativos Digitales activos, conectados, acostumbrados a la velocidad de tic, la multitarea, el acceso aleatorio, los gráficos en primera instancia, la fantasía, el mundo de recompensas y gratificaciones inmediatas de sus videojuegos, la MTV e Internet se encuentran aburridos de la educación de hoy, con todo lo bienintencionada que pueda ser.[2]

¿Qué puede hacer un profesor de historia? ¿Obligar a sus estudiantes a reducir sus clicks? o mejor, ¿proponer problemas que conduzcan a la investigación y “auto-aprendizaje” de sus estudiantes? Seguramente lo segundo es más convincente, más constructivo (constructivista dirían algunos), pero igualmente implica un problema que escapa de las manos del docente universitario: ¿el nativo digital está preparado para aprender? es decir, puede que el estudiante en lugar de buscar la respuesta a la pregunta dedique la mayor parte de su tiempo de aprendizaje autónomo a copiar la pregunta y buscarla en la web, y es posible que encuentre la respuesta en un sitio donde simplemente la copiará y pegará sin siquiera dedicar tiempo a leer y considerar si la respuesta es satisfactoria o no.

Este síndrome del plagio implica que aplicar principios constructivistas se enfrente a un uso inadecuado de las herramientas web como un atajo para la reducción del asombro. El problema es que no es posible vivir del asombro, el historiador deberá someterse a momentos tediosos que implican leer y analizar volúmenes de información que no es posible simplemente acortar mediante herramientas informáticas. Hasta ahora no existe un software al cual se pueda simplemente agregar un archivo y que este proponga problemas de investigación y brinde respuestas, por ello la historia no es una actividad mecánica, sino exige un nivel de análisis y concentración que va más allá del mundo digital. Tampoco las técnicas como la minería de datos o la Distant Reading disminuyen el trabajo del historiador, reducen eso sí los resultados de una búsqueda para ajustarlos a lo humanamente posible, pero no logran el sueño de los aficionados a la tecnología: realizar una investigación en unas cuantas horas para después postearla en Facebook.

Comprender al historiador digital implica entender que es un historiador capaz de leer fuentes históricas aprovechando las tecnologías informáticas, lo que debería aprender un “nativo digital” es a leer el pasado y escribir la historia ajustada al hipertexto tanto como es hábil para escribirla de manera tradicional, científica. Además, debería ser capaz de compartir la información para generar nuevo conocimiento e incluso proponer el desarrollo de conocimiento colectivo (similar a una wiki) para la resolución de problemas científicos. Un primer factor para entender al historiador digital es entonces comprender qué es capaz de hacer y cómo lo hace, esto implica modificar los currículos y reajustar la metodología de la crítica de fuentes a esta nueva realidad.

2. El historiador programador

Emmanuel Le Roy Laudierie afirmaría que el historiador de mañana será programador o no será nada, una profecía postulada al calor del auge de la historia cuantitativa pero que hoy no se ha cumplido y tal vez no se cumplirá. Sin embargo existe una especie de consideración que asume que el historiador digital debe ser programador, y claramente trabajos como The Programming Historian[3] han contribuido a difundir esta posibilidad. Personalmente considero que incluir en la definición del historiador digital la capacidad de programar es un error, de hecho conlleva a generar frustraciones y resistencias frente a la historia digital.

No es útil considerar que el historiador digital es un genio informático, pero si implica entender la lógica del sistema informático. Hay que entender que el lenguaje informático es más limitado que el lenguaje narrativo, y por lo tanto no reemplazará a la narración histórica, pero sí es una herramienta fundamental para la elaboración de tareas repetitivas. Tal vez no haya un software que haga tus fichas, pero de seguro hay muchos que te permiten organizarlas y encontrarlas en un click.

De esta manera más que un programador, el historiador digital, por lo menos en la actualidad, se enfoca en la Minería de Datos, y aunque claramente un conocimiento básico de programación es necesario y no es nada desdeñable tener las competencias necesarias para desarrollar programas, no es una condición sine qua non ser historiador y programador para navegar en la historia digital. En el That Camp París de 2012 se presentó esta discusión, siendo una de las conclusiones la necesidad de fortalecer el trabajo colaborativo con programadores profesionales, lo cual conlleva tener la capacidad de comunicarse entre ambos, en este caso hay que lograr que el programador piense como historiador y viceversa.[4]

El historiador digital no es un geek, y es mala idea identificar uno a partir de su afición a la informática. Obviamente es posible la generación de una especie de subcultura de historiadores geek, pero eso no es competencia del historiador digital, él está más enfocado en encontrar la manera de que las herramientas informáticas contribuyan a la resolución de problemas históricos, a una mayor comprensión de los mismos.

Un segundo aspecto que definiría al historiador digital es entonces su capacidad de leer herramientas informáticas y traducir esta lógica para la resolución de problemas históricos concretos.

3. La crítica de fuentes digitales

El historiador digital es además alguien que tiene la capacidad de realizar la crítica de fuentes en entornos digitales. Hace algunos años el profesor Renzo Ramírez consideró lo que significaría una crítica de fuentes o mejor, la técnica de análisis de materiales digitales. Considera que el mejor modo de abordar las fuentes digitales es aplicando las mismas estrategias de la crítica de fuentes, apoyándose en las siguientes preguntas:

  • ¿El perfil del autor corresponde al tipo de documento?
  • ¿Hay instituciones que respaldan el documento y el autor?
  • ¿Cuál es la fuente original del documento?
  • ¿Es correcta y fiable la información del servidor que la distribuye?
  • ¿Utiliza el autor otras fuentes en el documento?
  • ¿Utiliza el mismo método crítico y de juzgamiento que usted utiliza?[5]

Sin embargo, Ramírez parte de la consideración de los born digital materials como fuentes para el historiador, pero  ¿qué pasa con las fuentes primarias disponibles en línea? Progresivamente los repositorios y archivos digitales de libre acceso están sirviendo como cantera de información de los investigadores. ¿Hay que ser un investigador digital para abordar estos documentos? No necesariamente, pero los historiadores digitales podrían desarrollar las competencias para certificar y validar estos repositorios.

El historiador digital entonces tiene la capacidad de determinar el productor de los documentos, su origen, fiabilidad y utilidad al igual que el historiador que puede consultar el documento en físico. Una de las formas de hacerlo es tener la capacidad de interpretar la información contenida en el archivo digital: los metadatos. Dublin Core, por ejemplo, es una iniciativa que busca estandarizar los criterios de metadatos incluidos en los diferentes archivos digitales, que es de las más utilizadas en los archivos históricos en la actualidad. Tener la capacidad de interpretar, leer y evaluar estos metadatos implica así mismo ser capaz de desarrollar aplicaciones que busquen información fiable, ya que no recolecta la información por asociación textual sino por la lectura del conjunto de metadatos consiguiendo un primer filtro.

El historiador digital entonces es alguien hábil para la selección y crítica de fuentes de manera masiva mediante el aprovechamiento de información de descripción de datos que haga una validación de la veracidad y utilidad de las fuentes a utilizar. La búsqueda textual pasa a la metatextual.

4. El historiador del futuro

Existe así mismo una consideración en torno al historiador digital como una especie de historiador del futuro, en un artículo anterior abordé brevemente la posibilidad de que la historia digital produjera un ciberhistoriador[6], pero más que una posibilidad asociada al sentido del historiador programador, se transforma en una idea nociva para la historia digital.

El historiador digital es, en principio, un historiador, por lo tanto su objeto de estudio no es el software o el ciberespacio como tecnología. El objeto de estudio del historiador digital es igualmente la vida de la humanidad en su tiempo, la única diferencia es que incluye en sus métodos las aplicaciones digitales. Es básicamente un nuevo recolector de documentos, más sofisticado, pero no por ello “cibernético”. Un error del historiador digital puede ser el hacerse tan aficionado a la tecnología que se convierta más en un informático que en un historiador.

La lectura del presente en términos históricos es una competencia del historiador digital al igual que cualquier otro colega, la lectura del pasado debe hacerse en términos diacrónicos, interpretando el contexto, con la suficiente claridad y análisis como para evitar el anacronismo y la atopía, por lo que en ningún momento es un historiador del futuro, es un historiador que como cualquier, aprovecha las herramientas y es capaz de crear nuevas para el provecho de la ciencia. En este sentido, más que un historiador del futuro, el historiador digital es un historiador creativo.

5. La desconfianza al sistema

Existe una especie de desprestigio de los recursos obtenidos digitalmente, de cierta manera se da mayor predominancia a las fuentes bibliográficas y primarias consultadas en físico de aquellas descargadas de la Internet. Puede deberse en principio a una consideración frente a la facilidad de obtener la información, que se diferencia de la práctica de caminar por los estantes de una biblioteca o entre los anaqueles de un archivo. Sin embargo, cada vez las bibliotecas universitarias son más restrictivas con respecto al acceso de visitantes, y los archivos ponen cada vez más trabas para la reproducción de información debido a la posibilidad de deterioro de los documentos por exposición a la luz artificial, o daño mecánico al ser reproducido.

Esta desconfianza frente a la información digitalizada puede ser superada pronto, pero es más difícil frente a la difusión de la historia por medios digitales. El e-book y la revista electrónica en formatos tradicionales (codex) tienden a ser más confiables que los hipertextos incluso si estos son cercanos al lenguaje narrativo lineal (como el blog). La narrativa de la wiki o del foro no se consideran ni siquiera como una posibilidad de difusión científica de alto nivel, aunque pueden ser validadas como mecanismos de difusión a un público amplio, de la misma manera que lo hace el video y la multimedia.

Los Open Courses son una evidencia de la forma como puede llevarse la historia de alto nivel a un medio que combina texto, audio y video, de manera abierta y sin limitación de público. Sin embargo, es evidente que el historiador digital debe incluir dentro de sus habilidades el gestionar sistemas de verificación de la información y validación científica. Un ISBN o ISSN puede ser un comienzo, pero la inclusión en bases de datos, repositorios científicos, la asociación con instituciones académicas de nivel científico, etc., son mecanismo que el historiador digital debe planificar al momento de desarrollar sus proyectos.

La validación científica permite validar el producto sobre la plataforma, así por ejemplo una serie de videos relacionados con la historia, ya sean imágenes históricas o resultados de investigación, pueden ser compartidas en Youtube o Vimeo, pero la producción original puede ser validada por la comunidad científica y ser explícita, de esta manera se presenta una validación por parte del historiador y por la comunidad científica. En este sentido se gana confianza en torno a la verificabilidad de la información por la evaluación por pares.

Otro problema es la facilidad para modificar la información, para simplemente cambiar lo dicho, el efecto Wikipedia donde se considera que la información es tan variable que puede cambiar diariamente por lo que no puede ser citada e incluso verificada. Sin embargo el historiador digital debe tener presente que debe evidenciar las modificaciones, el historial, realizado a sus productos. Por ejemplo, puede que en algún momento una imagen proveniente de una fuente primaria necesite ser actualizada por otra de mejor calidad, por lo cual es fundamental dejar evidencia, un historial de esta modificación.

Palabras finales

Este post es solamente un intento preliminar por realizar una definición del historiador digital, ante todo es una motivación de pensar en torno a nuestra disciplina en el mundo digital donde el prejuicio se sobrepone a las potencialidades de la historia digital.

REFERENCIAS

1. Marc Prensky, “Nativos e inmigrantes digitales”, en Cuadernos SEK, 2010, disponible en http://www.marcprensky.com/

2. Marc Prensky, “Nativos e inmigrantes digitales ¿Realmente piensan diferente?”, en Cuadernos SEK, 2010, disponible en http://www.marcprensky.com/

3. La primera versión de The programming historian se publicó al estilo de un libro tutorial para el aprendizaje de la programación, escrito por Adam Crymble, Alan MacEachern y William J. Turkle. En este momento es una versión 2.0 (De hecho se llama The programming Historian 2), la cual cuenta con un equipo editor y técnico que se alimenta además de las contribuciones de usuarios independientes. Puede consultarse el sitio en http://programminghistorian.org/

4. Langue, Frédérique. ““El historiador será programador o no será”. Acerca del ThatCamp París2012″ [en línea], Red-historia, 3, ISSN 2250-5636, February, 2013. URL: http://historiapolitica.com/redhistoria/2013/02/el-historiador-sera-programador-o-no-sera

5. Renzo Ramírez Bacca, Introducción teórica y práctica a la investigación histórica. Guía para historiar en las ciencias sociales. Medellín: Universidad Nacional de Colombia, 2010, p. 106. Es interesante recordar las consideraciones de Daniel Cohen y Roy Rosenzweig con respecto a la fiabilidad de los recursos disponibles en la web y la facilidad con la que un registro puede ser simplemente falsificado, así como la existencia de una serie de historias no ajustadas o profesionales que sin embargo arguyen el mismo nivel de veracidad que las producidas utilizando el método histórico. http://chnm.gmu.edu/digitalhistory/introduction/

5. Jairo Antonio Melo, Historia digital: la memoria en el archivo infinito, en Historia Crítica, No. 43, disponible en: http://historiacritica.uniandes.edu.co/view.php/694/view.php

One thought on “El “historiador digital”

  1. Pingback: El "historiador digital" | Humanidade...

Deja un comentario